La futura nueva primera ministra, Ema Solberg, acaba de anunciar como primera medida de su ejecutivo que recorta en un 1% la cantidad que se gasta al año de ese multimillonario fondo creado sobre los ingresos del oro negro, que acumula un patrimonio de 750.000 millones de dólares, unos 600.000 millones de euros, equivalentes casi al 60% de todo el PIB que es capaz de generar España en un año.
El motivo de fondo es que la economía del país va demasiado bien, en el sentido de que está creciendo bastante, lo que es bueno, pero al mismo tiempo se está descontrolando la inflación, que es malo, y se está revalorizando demasiado la corona noruega. Las exportaciones pueden ser las grandes perjudicadas. El nuevo gobierno, que accederá el poder a mediados de octubre, tendrá que hacer frente a una posible burbuja inmobiliaria, a unos salarios en el sector industrial un 70% superiores a la media de la Unión Europea y a una corona sobrevaluada. Los síntomas de una burbuja en toda regla.
El partido conservador se declara dispuesto a volver a agotar el límite de gasto en caso de que haya una crisis internacional y desaceleración económica. Esta norma sobre el uso del enorme fondo soberano de Noruega, el segundo más rico del mundo después del de China, fue introducida por la coalición laborista saliente hace varios años.
Curiosamente, la buena marcha del fondo es otra de las causas que provoca el debate sobre los límites a su uso. Porque su efecto ha sido parcialmente minado al haberse cuadruplicado el patrimonio de esa bolsa de riqueza desde 2005, lo cual provoca que la cantidad disponible para el gasto cada vez sea mayor.
La propia existencia del fondo provoca incluso fisuras dentro de la coalición de partidos que ha ganado las elecciones. Los conservadores, los liberales y los demócratas cristianos quieren que exista la norma, pero el Partido del Progreso ha hecho campaña para abolir ese límite para permitir una mayor inversión en infraestructura.
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