sábado, 10 de diciembre de 2011

UNA PUERTA, DOS CERRADURAS

Piénselo de esta manera: existe una gran puerta sólida, y al otro lado de ella se encuentra el éxito en las ventas. La puerta tiene dos cerraduras: una es de manija y la otra es del tipo cerrojo. Cada cerradura cuenta con múltiples llaves para activar sus mecanismos internos y permitir que se abra la puerta. Usando las llaves del éxito abrimos la cerradura de cerrojo pero no la cerradura que tiene manija, y esto será posible sólo si utilizamos la llave de las ventas JUNTO CON la llave del éxito. Sólo así podremos abrir la puerta, cruzar el umbral y lograr nuestras metas y sueños. He descubierto que esto es cierto no solamente en el ámbito de las ventas sino también en todos los otros aspectos de la vida. Las llaves del éxito son las mismas sin importar la profesión a la que nos dediquemos. Y a menos que conozcamos estas llaves y las utilicemos, todas las puertas de aquello que deseamos alcanzar, permanecerán cerradas para nosotros. Napoleón Hill, autor del libro Piense y hágase rico, categorizó estos dos conjuntos de “habilidades generales” y de “habilidades específicas”. Las habilidades específicas comprenden el conjunto de conocimientos necesarios para realizar cierta tarea o negocio en particular. Por ejemplo, para convertirse en un golfista profesional uno deberá aprender a utilizar de forma experta todos los hierros del equipamiento y practicar una gran variedad de golpes a la bola. Por otra parte, las habilidades generales son las habilidades personales multipropósito que se necesitan para sacar el máximo provecho de las capacidades propias, así como para llevarse bien con las personas y alcanzar las metas propuestas. A fin de lograr todo lo que uno se propone se necesita disponer de estos dos conjuntos de habilidades. A la mayoría de personas, por ejemplo, le gustaría lograr la prosperidad económica. Si ese es su objetivo, entonces deberá aprender y aplicar las llaves generales del éxito y las llaves específicas de la prosperidad económica. De otro modo, si lo que usted desea es ser un buen padre, entonces se deberá utilizar la llave general del éxito Y las llaves específicas de la buena paternidad. Lo mismo puede aplicarse a la profesión, a la salud, a las relaciones, al matrimonio, y a todo otro aspecto de la vida. A eso es precisamente a lo que me refiero cuando digo que la puerta al éxito, es una sola pero tiene dos cerraduras. Comprender esto me dio una visión totalmente diferente de lo que necesitaba para enseñar. Como profesor, estaba dando a mis estudiantes las llaves de sólo una de las cerraduras. Les estaba dando las llaves de las ventas pero no las llaves del éxito. Luego de asistir a mis clases, los estudiantes que de algún modo lograban encontrar las otras clases lograban el éxito. Los que no lo lograban, no contaban con esa fortuna. Así que si yo deseaba que mis estudiantes pudieran sobrepasar la puerta de las ventas exitosas, yo necesitaba darles las llaves tanto de las ventas como del éxito. Me enfrenté a un gran problema. Sabía cómo enseñar sobre ventas. Lo había estado haciendo por años. Pero no sabía cómo enseñar acerca del éxito. Entonces busqué ayuda de parte de mis estudiantes. Empecé una clase especial con temas acerca del éxito. Podía estructurar la clase de la forma que quisiera, de modo que les pedí a todos que leyeran un libro sobre el tema. El único requisito era que ellos tenían que leer sobre algo que les ayudara a mejorar su vida en algún sentido. Después de eso, durante la clase considerábamos lo que estaban aprendiendo. En vez de yo enseñarles acerca del éxito, explorábamos juntos el asunto. Muchos de los estudiantes me dijeron que aquella clase era la mejor que habían tomado en su vida. De hecho, las evaluaciones de ese grupo resultaron ser las mejores en las encuestas de la facultad. Durante años, los estudiantes regresaban para contarme historias sobre cómo su vida había cambiado gracias a lo aprendido en la clase. Con esto no quiero dar a entender que soy un profesor excepcional. Recuerden que yo no enseñaba esa área. Los estudiantes fueron quienes desarrollaron el tema. La única diferencia era que yo recibía un salario y ellos tenían que pagar la matrícula. Aquel semestre marcó un punto de viraje en mi vida. Cambió mi forma de enseñar. Ahora, con unas pocas excepciones y modificaciones incluyo esta metodología en todas mis clases. Llegué al punto de desarrollar una clase llamada Explorando el éxito, donde la clase gira en torno a que los estudiantes seleccionan y leen libros de autodesarrollo. Fragmento del primer capítulo del libro: Una puerta, dos cerraduras de Jim Muncy. http://elexito.com/boletin_articulo_herramienta.php?id=108&seccion=HERRAMIENTAS%20DE%20EXITO

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